Con luz ardiente de mi sol escaso
de invisible caricia te ilumino,
refundo con el mío tu destino
y te ato si de atarte firme lazo.
Moldeándose en el mío va tu paso
que sigue sin saber en mi camino
ingnorando tu cuerpo peregrino
libre manto aurora con tu ocaso.
Mi estrella matinal empalidece,
la estrella de mi tarde se avecina,
mi destino ante el tuyo me parece
como el sol, las horas vespertinas,
si enfrente de la luna resplandece
la luna de dulsura te ilumina.
Ronald Vallejos.
Un poema de mi tío abuelo que escribió cómo una tarea para el colegio cuando tenía 14 años.
Mi tío, que cantidad de sentimientos encontrados. Fue lo que fue, por eso es lo que es.
ResponderEliminarAlberto.