Un cuadro en el vestíbulo, los muros rojos, las velas moradas, en tu salón es sólo el cielo estrellado. El jazz es siempre buena compañía para los relajados, los imperiosos que saben de disfrutar. Cuando más llueve y oscura se pone la noche, más abraza la salamandra, la alfombra, la hélice de fuego, las danzas son apreciaciones deleitantes. Sin mirar atrás un punto infinito a traves del techo, es cielo.
¿No hay más que terminar? Es una equivocación constante la vida exterior cuando nos alejamos de la música, de los pianos y saxofones. Pero es costumbre,y en el peor de los casos, no saben de que se pierden. Se me hace casi gracioso el reflexionar sobre teclas temas que tienen que ver con las hojas secas, con las mariposas de colores. La tranquilidad persiste de todas maneras, es estable la forma de conversar consigo mismo; dejó de ser empalagoso a veces fúnebre mi mirada al momento de soltar las palabras. Ahora es plácida la fruición que recorre mi nuca.
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