Después de florecer, fue a vistitarles el verano suave,
las mancha de musgo y los cerros lejanos verdes.
Una lluvia botó las flores demás,
y todas las hojas
se quedaron con forma de estrellas índigas.
Caminaron las homigas descalzas;
y hasta el viento
estaba acariciando su piel de enamorados.
El aura se notó en las nubes y las lianas
se entrelazaron, hicieron el amor para siempre.
La luna ahora en el cielo nocturno
dió para ellos un nido
y el sol ya en su lugar les agradeció
hinchando sus pechos de árbol.
Dos almas han florecido, dos almas que han nacido
continuarán jugando inquietas
con las nebulosas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario