Me alegro porque me lo has demostrado
en este lugar frío. En mi refugio no hay mas dudas,
es lo que es.
Que tranquilo es todo cuando las hojas se mueven
porque las miras en paisajes floreados, en paisajes otoñales.
No hay poesias ni tiempo en estos momentos; algunos ojos
somnolientos, algunas murallas hechas con mis manos de tierra
¡con mis manos amarillas! con mis pastos, con mil ríos.
El cuerpo no debe tener ninguna tensión, ni ninguna contractura
porque está tu pelo y sus óleos, porque está la manzana madura
y sus acordes al viento pupulando, haciendo viajes de mariposas
con puntos. Por todo eso estoy feliz. Por las raíces de mi alma
sumergida en el aire, por mi almohada hundida, marcada gracias
a tu suave nuca: es la cordillera y su aura, es la oveja y los
campos de frutillar.
Me has demostrado también que los colores existen y te
agradecen al mirarlos, que los niños si nos recuerdan en el barro sedoso,
aterciopelado, y aunque sean las nubes quienes nos cubran, es su lluvia
para mí, un te amo, un gracias. No estaba equivocado ¡Que hermoso!
¡Que alivio!¿Cuando me trajiste? ¿Porque no te escuche antes?
¿Que me faltaba? En todos los casos,
agradezco que haya sido ahora y aquí.
Mas aquí que nunca sonriendo está mi reflejo en las cortezas de los sauces y peumos.
Mas aquí que nunca... para tí.
Me alegro por ser la mirada de ese mar olvidado, ese que está al costado de nuestras sienes.
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