Una noche soñe con que caminaba por un camino de tierra, algo pedregoso, algo de arena también tenía, habían rocas grandes y dejaban en la baranda un viento salino y de mar. Habian plantas, algunos arbustos no muy frondosos, mas bien tipos de cactus y aloes. Me tocó saltar una piedra y al caer al otro lado veo una serpiente cerca de mis pantorrilas: roja, atigrada con negros aveces amarillos y me asusté, sólo quería abandonar ese lugar, ese miedo de un posible dolor, miedo de mordeduras veneosas. Me preparé a pisarla, a aplastarla con mis pies y mi fría decisión, y un aire de mariposa se posó en mi pecho tomándome de las orejas, mirando al cielo. No debía matarla, debía dejarla vivir, dejarla ser aún con mi miedo de dolor. Me dí media vuelta aceptando mi destino, abriendo la puerta de mi pieza , contándole a mi mamá. Me senté y lloré por lo que me pasaría. No me arrepiento de haber continuado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario