Son ruinosos
los segundos demolidos
entre cardios
y corazones caídos.
Corazones y cerros perdidos
como iglesias y caminos
sus gentes
y sus colmillos de canino.
Vacíos tristes
cuando el tiempo
pinte pestes
ocres temblando
entre espejos
murmurantes
y nunca pudientes
de realizar alguna
resolución contraria
a la muerte.
No queda esperanza
para esta estrella
perdida
en el lugar equivocado
entre engranajes de aluminio
y gritos de serpiente
lejos del oído
de los anillos estelares.
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