que la montaña no enmudece
que hablan los ríos y sus peces
y que son suyos tus latidos.
No habrán de estar dormidos
nunca tus labios ni tus ojos
tus cauces de llanto copioso
nacen de un amante nido.
El sendero en su costado ha florecido
al tomar tu mano me parece
que el alma de niño se engrandece
cuando tomarnos de la mano hemos sabido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario