Me despido desde las alturas,
con el viento en mi cara,
con la piedra en el fondo del río,
con mi voz en las nubes,
y mi corazón entre los troncos de los arboles.
Me despido contento,
llorando,
entre los cambios de las estaciones,
entre los ciclos del tiempo,
entre mi carne compacta.
Me despido de lo malo
y de lo negro,
de lo que nunca necesité;
hoy me uno con la tierra
entre zampoñas y aplausos.
En este momento
mi alma entre las estrellas
extiende su mano hasta mi cuerpo
y me fundo, me encuentro
y por eso me despido:
me despido de mi separación.
Porque soy yo de veras quien llega
a todas vuestras vidas
con una sonrisa y el reflejo del cielo
en mis pupilas.
Me despido de lo mortal
y perdono, me elevo,
brillo, vuelvo y vibro.
Qué lindo mi niño hermoso, ese sentimiento es tan fácil sentirlo y tan difícil mantenerlo y perpetuarlo, de perpetuarse habría un cambio radical.
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