Había una vez un anciano, estaba en su escritorio, escribiendo sus memorias mientras recordaba con nostalgia, ya anciano, el hombre con tristeza piensa que la vida se le acaba y que debió haber hechos muchas cosas más, piensa por un instante que le faltó vida.
El boligrafo con el cual escribía, se soltó de su mano, sin que el anciano se diera cuenta; el lápiz comenzó a escribir todo lo que el octogenario pensaba. El viejo, vuelve a tomar su bolígrafo, y como una transición lenta, comienza la fusión de la escritura con el lápiz y de la tinta con el anciano. El lápiz escribe y escribe, sin detenerse hasta que se le acabó la tinta y murió.
El viejo bolígrafo al lado de un pelo de su barba canosa y la escritura sobre la mesa que contenía el nombre del viejo, continuaron estando allí, inertes.
El boligrafo con el cual escribía, se soltó de su mano, sin que el anciano se diera cuenta; el lápiz comenzó a escribir todo lo que el octogenario pensaba. El viejo, vuelve a tomar su bolígrafo, y como una transición lenta, comienza la fusión de la escritura con el lápiz y de la tinta con el anciano. El lápiz escribe y escribe, sin detenerse hasta que se le acabó la tinta y murió.
El viejo bolígrafo al lado de un pelo de su barba canosa y la escritura sobre la mesa que contenía el nombre del viejo, continuaron estando allí, inertes.
me imagine sentado en la casa de Neruda, mirando el océano, mi mano escribiendo y un vino creando formas similares a las de el mar.
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