Sin máscaras, todo lo que soy, por lo que he vivido y viviré...

22 nov 2010

4 de Noviembre

Me he sentado a escribir un poco nostálgico, un poco triste, sobre una mañana tranquila en donde los pájaros cantan, como si para mí estuviesen alegres. Me espera un día largo, arduo, me imagino corriendo cansado por la ciudad por culpa de un montón de trámites y relojes.

Me acosté anoche con un nudo en mi estómago, en mi garganta, con dolor de espíritu ¿Cómo se puede curar este malestar? Aunque es una pena reflexiva, me hace pensar en que se necesitan estos dolores, en que los inspirados debemos tenerlos para nuestro momento en donde escribamos nuestro testamento; ahí está mi infaltable guitarra que sé que me espera con mi llanto. Hoy he respirado la angustia del ambiente y mi cuerpo está congelado, mi alma se ha quedado en el lápiz y en las lágrimas. Sé que lo transitorio de este momento volverá y con él volverán también las prosas: siempre escribo cuando estoy triste, la tristeza no es para el óleo. ¡Maldita alma de artista, te amo! Quiero que me llame mi amada, que me vea llorar, llorar inconsoladamente, no quiero sufrir solo, este llanto de lana y tierra no es de negro, es verde y gris con puntos y rayas azules, no son alfileres, son aprietes, son corazones de hierro en mi espalda, ideales rotos por la razón, derrames, aluviones con sol cuando contemplo el presente, lo que corresponde, lo que es.

Gracias a la vida por permitirme escribir y por tener árboles en mi patio donde aliviarme observando nuevos brotes de las plantas en un día nublado, aunque sé que estas letras son sólo un estrato de mi cementerio con plantas y mausoleos pacíficos. Aquí sólo hay acordes menores, aquí sólo queda las sensación desagradable  y las nauseas de un trago de soledad alcoholizada.

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