Sin máscaras, todo lo que soy, por lo que he vivido y viviré...

3 jul 2013

El espacio, el tiempo y yo

No hay más que el presente. Desolador. Porque es como si el tiempo no existiera en realidad y sólo fuera todo un constate presente. ¿Es el tiempo una simple línea que surca el espacio? Yo, en lo personal, no lo siento así. Porque el tiempo no cruza el espacio, sino que avanza con él -si es que puedo decir que avanza-, arrastra al espacio a cambiar.

Todo lo que existe no es más que un destello que explota en el presente y se desintegra a la vez que ese presente desaparece para fluir hasta el siguiente. Todo lo que siento, lo que amo, lo que pienso, este papel, mi hijo, mi pieza, los árboles, mi pasaje, y todas las sensaciones de mi universo se pulverizan después de mi muerte. Todo es el infinito presente. No hay futuro. El pasado ya desapareció a mis espaldas sin poderlo sujetar. Me he dejado llevar por la corriente, el flujo de la conciencia que todo lo sostiene para luego ser parte de ese mismo todo y que lo concreto, puntual y material termine siendo una acuarela dentro del pasado inexistente.

Todo se va creando a medida que doy un paso y desaparece al mismo tiempo. Sólo un punto flotante que abarca y encierra al cosmos va cambiando como plasticina en mis manos moldeando el espacio en el que subsisto.

Un gigantesco cuadro que a medida que se pinta se diluye frente a mis ojos sin detenerse.

Desolador. Pues todo desaparece, o por lo menos esa es la sensación que me queda en este tiempo instantáneo.

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