Ya condenado a ser una alma mortal
me regocijo en la rabia llorada
como un niño impotente ante el dictámen de su padre
me regocigo en odiar a quien decide el paso de la vida
el cambio de las formas y el avance del tiempo.
No podré ganar nunca.
Lucho sólo. Siempre es lo mismo.
Levanto la cabeza en un día nublado y miro el horizonte,
escucho el viento y siento el frío en mi cara
que me hiela de tal forma que se hace imperceptible
debido al pensamiento y al caminar.
Llegará el día de la paz, de la calma:
hay algo que ahora no quiero aceptar
aunque lo comprenda.
Condenado a ser un adulto-niño.
Condenado a ver y sentir de manera demasiado consciente. Se hace insoportable.
Condenado a crecer y morir.
Aún así escojo, aún así elijo.
Elijo la música para lo cansino de los días
y la escritura como válvula de escape
como expresión del alma.
Elijo respirar. Elijo comprender para aceptar.
Como el uroboros, en la lucha eterna, devorando su cola tratando de vencerse para llegar a su inicio y continuar en su vuelta, el esfuerzo inútil para algunos, el disfrute y aprendizaje continuo de la vida para mi, ya que desde el origen las vertientes son mas puras y nos muestran la verdadera esencia....
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