Cuando mueras no iré a visitarte
pues serás en mis recuerdos,
en un cúmulo de hálito que rondea el centro de mi pecho.
El atardecer con sus vientos moribundos, frescos
en el paso de la vida sin tiempo,
cómo el paso del cielo por el fondo de mi retina,
la nube anaranjada y el azul marino: una proyección,
el amanecer de alma: una sensación en el crepúsculo.
Hemos de morir de pie cómo los robles,
no somos tan distintos de ellos. Somos siempre.
No ha necesidad de mis visitas futuras
porque la caída de las hojas
reflejan para siempretodos los momentos
de la existencia con su otoño.
Que lindo mi amor... El otoño es hermoso y los momentos son para siempre
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