Hubo una risa denunciante en la cara del joven, nadie la entendió, sólo él comprendió su gesto aprendido en las salas del taller de teatro, las personas a su alrededor rieron con él. Siempre irónico para con quién lo escuchara, siempre nunca dejarse sobrepasar, -porfavor no escuches- -haz lo que quieras pero no escuhes-.
Vestido de negro turistea con un mundo gris rodeado por edificios e inundado por ondas de radio, entre las noticias de las ventas de uranio, el robo en un lugar cercano y una pelea callejera, se muestra indiferente y camina con la mirada recta y matemática detrás de sus anteojos bien delgados. Se ha perdido, a su nave espacial se le ha agotado el combustible y ha debido caer en un planeta hostil, contrario a la vida y para nada fructífero. Para él que ha otorgado arcadas por cada frase que se le intentara enseñar en el colegio, sólo queda el recorrido monótono de los carbones que circundan los caminos y las caras de plomo, los llantos internos de quienes no comprenden, de los normales. No ha visto todo su alrededor. -Despierta..!- -Por favor despierta..!- Un beso de alguien como él no le vendría mal.
Ha decidido abordar la micro hacia su casa, afortunadamente lejos del centro, afortunadamente en un lugar más cercano a su verdadero hogar, en donde sí hay árboles frutales, en donde hay gente menos contaminada. De algún modo todo eso se hace perceptible cuando en el momento de bajarse de la micro recibe una mirada transparente de una jovencita que lee un libro, vestida de muchos colores, y sonríe.
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